Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Por un motivo baladí, una estúpida concubina
afrenta a su propia hija.
En el corazón de una esclava perversa anida
el rencor contra su joven dueña.
Pasó la fiesta de los Faroles. Como una de las concubinas de su padre había caído enferma, el emperador, conocido por su piedad filial y sus virtudes en la administración de todos los asuntos bajo el cielo, ordenó que sus propias concubinas se vistieran y alimentaran con sencillez, cancelaran sus visitas al hogar paterno y no se celebraran festines ni se organizaran diversiones de Año Nuevo en palacio. En consecuencia, aquel año no hubo adivinanzas colgadas en los faroles de la mansión Rong.