Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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Mientras hablaban fue anunciada la llegada de la dama Wang. Entró a preguntar por su suegra, y cuando las cuatro visitantes le hubieron presentado sus respetos y dicho unas cuantas palabras, la Anciana Dama la mandó a descansar. Lo cual hizo la dama Wang, pero no sin antes servirle un poco de té. Luego las cuatro mujeres charlaron con la Anciana Dama sobre asuntos familiares, y finalmente se despidieron. Pero dejemos de hablar de este asunto.

El caso es que la Anciana Dama, encantada, iba contándole a todo el que entraba que había otra familia que tenía un Baoyu idéntico a su propio nieto. A los demás no les pareció nada extraordinario, pues muchas familias oficiales utilizaban los mismos nombres y además era la norma, más que la excepción, que una abuela mimara a su nieto. Sólo Baoyu, que era un simplón con prejuicios, imaginó que las cuatro mujeres habían inventado todo aquello para complacer a su abuela. Volvió al jardín para ver cómo andaba Xiangyun.

—Ahora puedes portarte todo lo mal que quieras —se burló ella—, pues hasta ahora ha ocurrido que «Un hilo no hace cuerda, ni un árbol bosque». Pero ahora que sois dos, la próxima vez que te apaleen por armar escándalos puedes huir a Nanjing a buscar a tu doble.

—No creas tales pamplinas —dijo él—. ¿Cómo es posible que haya otro Baoyu?


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