Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Dicho esto, siguió hablando y lo inició en los secretos del sexo. Después, empujándolo hacia el cuarto, cerró la puerta y se marchó.
Baoyu hizo todo lo que la diosa le había dicho, tal como ella le había indicado.
Podemos correr un velo sobre su primer acto amoroso.
Al día siguiente, Baoyu y Keqing se sentían tan unidos y tan cómodos intercambiando caricias, que una separación les resultaba intolerable. Cogidos de la mano salieron a dar un paseo. De pronto se encontraron en una espesura de espinos infestada de lobos y tigres. Un torrente de aguas negras les cerraba el paso, y no había puente por donde salvarlo. Empezaba a dominarles el pánico cuando apareció Desencanto.
—¡Alto! ¡Alto! —gritó—. ¡Volved antes de que sea demasiado tarde!
Petrificado, Baoyu preguntó:
—¿Qué lugar es éste?