Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —También está durmiendo la siesta —contestó Xueyan—. Por eso he tardado tanto. Pero deja que te cuente una cosa divertida, hermana. Cuando estaba esperando a la señora y charlando con la hermana Yuchuan en los cuartos de servicio, ¿quién dirÃas que me llamó? La concubina Zhao. Pensé que tendrÃa algún recado para mÃ, pero resulta que estaba allà solamente para que la señora le permitiera ir esta noche al velatorio de su hermano y mañana al entierro; me llamaba porque querÃa pedirme prestada mi túnica de satén celeste para que la usara su doncellita Jixiang, que no tiene nada que ponerse. Yo pensé: «Tienen ropa, pero no quieren ponérsela para el entierro por temor a ensuciarla, y prefieren pedirla prestada». Yo no soy delicada con mi ropa, tú lo sabes, pero ¿cuándo ha tenido esa mujer un gesto amable con nosotras? Asà que le contesté: «Toda mi ropa y mis dijes los guarda, por orden de nuestra joven señora, la hermana Zijuan. Primero tengo que hablar con ella y luego pedir la autorización de mi joven señora, que está enferma. Será complicado y llevará su tiempo. Si le urge la ropa, lo mejor que puede hacer es pedÃrsela a otra persona».
—¡Demonio! —se rió Zijuan—. No quieres prestar tu ropa y nos haces responsables de ello a nuestra joven dama y a mÃ. ¿Cuándo se va ella, enseguida o mañana por la mañana?
—Se marchaba ahora mismo. Probablemente a estas horas ya esté de camino.