Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Cosas del azar, en ese momento pasó por allí Xueyan, que volvía de los aposentos de la dama Wang con un poco de ginseng en las manos. Al volver la cabeza hacia los melocotoneros, vio sentado sobre una roca a alguien que, con la barbilla apoyada en las manos, parecía ajeno a cualquier cosa que no fueran sus propios pensamientos. Reconoció a Baoyu, y pensó: «¿Qué hará aquí tan solo en un día tan frío? La primavera es peligrosa para quien es delicado de salud. ¿No será que ha vuelto a sufrir uno de sus ataques de locura?».
Y mientras pensaba esto se acuclilló junto a él.
—¿Qué hace aquí? —le preguntó.
—Y tú, ¿qué quieres de mí? —replicó Baoyu, sorprendido por la súbita aparición de Xueyan—. ¿Acaso no eres tú también una muchacha? Ella te ha ordenado que no me hagas caso para así evitar los chismes maliciosos, y sin embargo insistes en buscarme. Si alguien nos viera juntos no podríamos evitar andar en boca de todos. Venga, date prisa en volver.
Xueyan pensó que Daiyu había vuelto a reñirle y, sin decir palabra, se encaminó al refugio de Bambú, donde entregó el ginseng a Zijuan, ya que Daiyu seguía dormida.
—¿Qué está haciendo Su Señoría? —preguntó Zijuan.