Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Se acercaba el día en que el cortejo fúnebre habría de emprender la marcha a las Tumbas Imperiales. Las cuatro doncellas de la Anciana Dama —Yuanyang, Hupo, Feicui y Boli— estaban ocupadas preparando el equipaje de su señora; por su parte, Yuchuan, Caiyun y Canoa hacían lo propio con el de la dama Wang. Los equipajes fueron confiados a aquellas esposas de mayordomos que partirían al día siguiente; pero antes, en su presencia, se hizo el inventario de cada uno de los bultos.
El grupo se componía, sin contar a los hombres, de seis doncellas, jóvenes y mayores, además de las diez viejas amas y las esposas de los mayordomos. Los preparativos de las literas, a las que debían ser aparejadas varias mulas para tan fatigoso viaje, continuaban sin interrupción. Yuanyang y Yuchuan se quedaron en la mansión, encargadas de guardarla y disponer con unos cuantos días de antelación las cortinas, ropa de cama y muebles que se enviarían en carretas a cada una de las paradas de descanso donde sus señoras se detendrían; ese encargo fue hecho a cinco mujeres y un puñado de hombres de escolta que, viajando por atajos, habían cubierto ya la primera etapa y aguardaban la Cegada de la comitiva, con todo dispuesto en la correspondiente parada.