Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Dicho lo cual, ordenó a su doncella que fuera a buscar un poco de ese polvo.
Asintió Yinger, y ya se disponía a partir con el encargo cuando le dijo Ruiguan:
—Te acompañaré; así tendré ocasión de ver a Ouguan.
De modo que ambas salieron del parque de las Alpinias. Charlando por el camino, pronto llegaron a la orilla de la isleta de las Hojas de Sauce; al pasar por allí advirtieron que de las ramas de los sauces, que ya empezaban a verdear, parecían colgar unas lianas doradas.
—¿Sabes trenzar con esas ramas tiernas? —preguntó Yinger.
—¿Trenzar qué?
—Oh, se puede hacer de todo: juguetitos o cosas útiles, depende de lo que quieras. Espera a que coja unas cuantas: haré una cesta con ellas sin quitarles las hojas y después la llenaremos de flores. Será muy divertido.