Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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—¡Sean bondadosas! —suplicó la mujer—. ¡Hagan una buena acción para ganarse el cielo! Me he equivocado, pero en el futuro haré todo lo que ustedes me digan.

E imploró a Chunyan:

—Todo esto me pasa por haber querido golpearte, ¡y sin haberlo hecho realmente! Ahora soy yo la que sufre por ello. Intercede por tu madre.

Entonces Baoyu se apiadó de ella y aceptó que se quedara.

—¡Pero basta de escenas como ésta! —le advirtió.

Después de agradecérselo a todos, uno a uno, la vieja partió a reunirse con los de su misma condición. Entonces llegó Pinger y preguntó qué había sucedido.

—Ya pasó —le dijo Xiren—. Podemos olvidarlo.

Pinger sonrió.

—Es mejor perdonar a quien puede ser perdonado; ahorra molestias —aprobó—. Las señoras se han ausentado unos cuantos días y aquí no han dejado de sucederse las peleas de todo tipo: no ha terminado una cuando ya empieza otra. No sé cómo voy a manejar esto.

—Yo pensé que éramos las únicas —comentó Xiren—. No sabía que se hubieran dado otros problemas.


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