Sueño en el pabellón rojo

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CAPÍTULO LXI

Para proteger a su hermana,

Baoyu encubre a la autora de un robo.

Para enmendar un error, Pinger ejerce su autoridad.

En el capítulo anterior, la señora Liu exclamaba entre risas:

—¡Macaco, que eres un macaco! ¿No te trato como a un verdadero sobrino? Y si salgo a buscar un hombre, ¿no tendrías un tío más? ¿De qué te preocupas? No hagas que te arranque esa mata de pelo de coño que tienes en la cabeza como si fuera la tapa de una bacina. ¡Venga! Abre ya la puerta y déjame entrar de una vez.

Pero, en lugar de obedecer, el joven lacayo la retuvo agarrándola de la manga.

—Buena tía, cuando ya esté en el jardín arrégleselas para robar unos cuantos albaricoques y traérmelos. Yo estaré esperando. Si se le olvida, no le abriré el portón cuando quiera salir a comprar licor o aceite a medianoche. Ni siquiera contestaré cuando me llame; me limitaré a dejarla dar alaridos hasta que pierda la voz.

La señora Liu hizo ademán de escupirle a la cara.


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