Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Tu familia puede permitirse estropear cien faldas como ésa todos los dÃas. Sólo que ésta te la regaló la señorita Baoqin, y tú y la prima Baochai tenéis una cada una; si la de ella sigue limpia y la tuya ya está sucia, pensarán que eres una desagradecida. Además, mi querida tÃa es muy pesada. Incluso cuando has sido cuidadosa le he oÃdo comentar que eres mala administradora y que no sabes ahorrar, sólo gastar y gastar. Si ve esto, nunca dejará de fastidiarte.
Su comprensión complació y sorprendió a Xiangling, que respondió:
—Precisamente tengo varias faldas nuevas, pero ninguna como ésta. Si tuviera una, me la pondrÃa inmediatamente y las cosas irÃan bien por el momento.
—Mejor será que no te muevas de aquà —le advirtió Baoyu—. Quédate donde estás, o mancharás de barro también tu ropa interior y tus zapatos. Tengo una idea. El mes pasado Xiren se hizo una falda exactamente igual que ésta, pero como está de duelo no la usa. ¿Por qué no dejas que ella te dé la suya?
Xiangling sonrió y sacudió la cabeza.
—No, si los demás se enteran será peor.