Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Y eso qué importaría? Cuando termine su hito tú puedes darle cualquier cosa que ella quiera, ¿no es cierto? No te estás comportando como de costumbre. Además, esto no es ningún secreto; se lo puedes contar a la prima Baochai. Simplemente pretendemos que mi querida tía no se moleste, ¿verdad?
Xiangling consideró que él tenía razón. Asintió con un gesto de cabeza y dijo:
—De acuerdo entonces. Para mostrarle mi gratitud esperaré aquí. Pero asegúrese de que la traiga ella misma.
Aquello deleitó a Baoyu, que asintió a su vez y se alejó con la cabeza agachada musitando: «Pobre muchacha, sin padres, sin conocer siquiera el apellido de su familia después de haber sido secuestrada y vendida a este Tirano Tonto». Entonces pensó: «Lo que hice la otra vez por Pinger fue inesperado; ésta es una sorpresa todavía más agradable». Y fue así como se entregó tontamente a las divagaciones hasta encontrarse de vuelta en su cuarto explicándole la situación a Xiren. Como Xiangling era muy querida por todos y la generosa Xiren era muy buena amiga suya, apenas supo lo que pasaba abrió su arcón, tomó la falda, la dobló y salió con Baoyu a encontrarse con Xiangling, que seguía en el mismo lugar.
—Siempre he dicho que eres una traviesa —dijo para fastidiarla—; tan traviesa como para meterte en un lío así.