Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Bribón! —le dijo—. ¡No puedes vivir sin qué te maldiga cada dos dÃas! Vas de mal en peor. Ya no tienes el menor sentido de la decencia. ¡He aquà al hijo de una buena familia, que no ha dejado de estudiar y aprender modales, por debajo del populacho!
Tomó un hierro y le agarró la cabeza haciendo el ademán de querer darle un golpe mientras el otro se la protegÃa, y acurrucándose contra su pecho le suplicaba piedad. La tercera hermana You se dispuso a pellizcarle los labios.
—Espera a que se entere nuestra hermana mayor —le reprendió.
TodavÃa riéndose, Jia Rong se arrodilló sobre el kang para implorar perdón, lo que desató las risas de ambas hermanas. Entonces él intentó arrancarle a su segunda tÃa un poco de cardamomo que tenÃa en las manos; ella le escupió a la cara lo que estaba masticando, pero Rong se limitó a lamerlo con cara de deleite, provocando el escándalo de las doncellas que allà estaban.
—Usted está de luto y aquà está su abuela durmiendo la siesta —dijo una de ellas amonestándolo—. Y a pesar de su juventud, éstas son sus tÃas. Realmente no le tiene usted mucho respeto a su madre. Vamos a decÃrselo al señor, y se verá metido en un buen lÃo.
Entonces Jia Rong soltó a su tÃa y dio un besó en la boca a cada doncella.
—Tienes razón, cariño —exclamaba—. ¡Vamos a hacer que la boca se les haga agua a mis tÃas!