Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Las doncellas lo apartaron a empujones:
—¡Demonio de corta vida! —lo insultaron—. Tiene esposa y doncellas, ¿por qué viene a molestarnos a nosotras? Habrá quien extienda que todo esto es una broma, pero no faltará la gente de mente sucia, amante del chismorreo, que difunda habladurÃas que circularán hasta llegar a la otra casa. Dirán que aquà todas somos unas casquivanas.
—Las nuestras son dos casas diferentes —dijo despectivamente Jia Rong—. Ambas deberÃamos ocuparnos de nuestros propios asuntos. Cada una tiene suficientes problemas con los suyos. Desde la más remota antigüedad, incluso las dinastÃas Han y Tang han sido llamadas «sucia Tang y apestosa Han»; asà que no hablemos de familias como la nuestra. ¿Qué casa no tiene sus cascos ligeros? ¿Queréis unos cuantos ejemplos? Con todo lo estricto que es el señor mayor de la otra mansión, el tÃo Lian tenÃa unos asuntos con sus jóvenes concubinas; y a pesar de la severidad de la tÃa Xifeng, el tÃo Rui trató de llevársela a la cama. Ninguno de esos escándalos fue secreto para mÃ…
En medio de aquella desaforada charla Jia Rong advirtió que la anciana You se habÃa despertado, y fue inmediatamente a presentar sus respetos.