Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Disculpe por haberle causado tantas molestias a usted y a mis dos tÃas, venerable antepasada —dijo—. Mi padre y yo mismo estamos sumamente agradecidos. Una vez concluido todo esto llevaremos a la familia entera, viejos y jóvenes, y todos nos inclinaremos ante ustedes en signo de agradecimiento.
La anciana movió la cabeza afirmativamente.
—Está bien que digas eso, hijo mÃo —respondió—. Pero sólo estamos actuando como debe hacerlo todo pariente.
Luego preguntó:
—¿Tu padre está bien? ¿Cuándo recibisteis el mensaje y cómo conseguisteis volver tan rápido?
—Acabamos de llegar —contestó él—. Fue mi padre quien me envió por delante para que viera cómo le iba a usted, señora, y para suplicarle que permanezca aquà hasta que todo haya pasado.
Y mientras decÃa esto guiñaba un ojo a su segunda tÃa.
Apretando los dientes y forzando una sonrisa, la segunda hermana You le reprendió suavemente:
—¡Mico lenguaraz! ¿Nos quieres mantener aquà para que seamos las madres de tu padre?