Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Señorita, es usted tan delicada que siempre está tomando medicinas. En estos últimos días ha empezado a recuperarse un poco; sin embargo, todavía no se ha restablecido del todo. Los regalos que hoy le envía la señorita Baochai son una prueba de cuánto la quiere y deberían alegrarla en lugar de entristecerla. ¿No se sentiría ella muy mal si supiera que sus regalos la entristecen en vez de alegrarla? Y además piense, señorita, que Sus Señorías están haciendo todo lo posible por encontrar buenos médicos que diagnostiquen su enfermedad y receten remedios que la curen lo antes posible. Pero usted, que ha entrado en un proceso de mejoría, terminará haciéndose daño de tanto llorar. ¿Acaso no quiere complacer a la Anciana Dama? ¿Acaso no enfermó sobre todo por haber perdido el ánimo y minado su salud con excesivas preocupaciones? Señorita, su salud es más valiosa que el oro. ¡No la trate con tanta ligereza!
En medio de las súplicas de Zijuan, una joven doncella del patio anunció:
—Ha llegado el señor Bao.
—Háganlo pasar inmediatamente —dijo Zijuan.
Pero aún no había terminado de decir aquello cuando entró Baoyu, y Daiyu lo invitó a tomar asiento.
Al advertir el rastro de las lágrimas sobre sus mejillas, él preguntó:
—¿Quién te ha ofendido esta vez, prima?