Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Otra vez estás diciendo tonterÃas —dijo Li Wan para provocarlo—. Aunque no sirvieras para nada y permanecieras aquà toda tu vida, estas muchachas se casarÃan y dejarÃan la familia. ¿Cierto?
—No me extraña que la gente diga que tu buena estampa es engañosa —se rió la señora You—. Eres un tonto hecho y derecho.
—La suerte de un hombre es una cosa incierta —se mofó Baoyu—. ¿Quién sabe cuándo moriré? Aunque muriera hoy o mañana, este año o el próximo, lo harÃa contento.
Las muchachas le hicieron callar inmediatamente.
—Ya está rabiando de nuevo —dijeron—. No debemos dirigirle la palabra; enseguida se pone a hablar como un tonto o un lunático.
—No digas esas cosas, primo Bao —intervino Xiluan—. Cuando todas tus hermanas y primas hayan partido a casarse, también la Anciana Dama y la señora se sentirán solas; entonces vendré yo y te haré compañÃa.
Li Wan y la señora You se rieron.
—Tú también estás diciendo tonterÃas, niña. ¿O es que tú jamás vas a casarte? ¿A quién estás tratando de engañar?
Xiluan se sonrojó y agachó la cabeza.
Ya era la primera vigilia, y todos se retiraron a sus cuartos a descansar.