Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Al llegar a la puerta del jardín, Yuanyang advirtió que, aunque las puertas laterales habían sido cerradas, aún no habían sido atrancadas. El lugar estaba desierto, y la única luz que acompañaba a la luz levísima de la luna era la de una caseta de guardia. Como estaba sola y no traía consigo una linterna, su paso silencioso no permitió que los de la caseta advirtieran su llegada. En ese momento sintió ganas de aliviar una necesidad y dejó el sendero para, cruzando el césped, ocultarse detrás de un roquedal, al amparo de un osmanto. Apenas había bordeado el roquedal cuando la sobresaltó un ruido de ropas que se rozaban. Al mirar en aquella dirección advirtió a dos personas que, al verla a ella, se escondieron corriendo detrás de unas rocas. Yuanyang tuvo tiempo de advertir que una de ellas era Siqi, una doncella alta y garbosa de los aposentos de Yingchun, que llevaba en ese momento una falda roja y el pelo recogido. Suponiendo que se trataba de ella y de otra muchacha que andaban también buscando alivio para alguna necesidad, y que se habían ocultado para asustarla y divertirse, las llamó entre risas:
—Si no sales rápido y dejas de asustarme, Siqi, gritaré y haré que te atrapen como a un ladrón. ¿Qué hace una chica mayor como tú jugueteando a estas horas de la noche?