Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Como sabía que Jia Lian estaba de viaje y que en los últimos días Xifeng no se había sentido bien, decidió pasar a visitarla a su vuelta. Cuando entró en el patio las criadas de la puerta interior se pusieron de pie para franquearle el paso, y en el salón se le acercó Pinger, saliendo desde el dormitorio.
—Ha comido un poco y ahora está dando una cabezada —susurró—. ¿Quieres esperar un momento en el otro cuarto? —Y la llevó al cuarto oriental, donde una doncella le sirvió té.
—¿Qué le pasaba a tu señora estos últimos días? —le preguntó Yuanyang en voz baja—. La he visto muy desganada.
Como estaban solas, Pinger suspiró:
—Está así desde hace un mes por lo menos. En estos últimos días ha estado muy ocupada, y además furiosa, lo que le ha producido una recaída. Como ahora está peor, apenas puede sacar fuerzas de flaqueza para capear el temporal.
—¿Y por qué no llamó a un médico cuando aún estaba a tiempo?