Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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—¡Pero qué estúpida eres! —le dijo—. A la vista de los problemas que tiene tu suegra, deberías suplicarle a la señora Lian que recupere la diadema con algunas de las ganancias que todavía quedan, y arreglar así el asunto. Y no es el caso que podamos ignorar lo sucedido, y que sea posible ocultarlo todo para salvar su prestigio. El prestigio ya lo ha perdido, y no importa ya cuántos crímenes se le imputen, pues sólo puede ser castigada una vez, y a nadie pueden cortarle dos cabezas. De modo que si yo fuera tú iría a apelar ante la señora Lian. Es una vergüenza que vengas a montar escenas aquí.

La mujer no pudo negar la verdad de aquellas palabras, pero no se atrevía a ir a confesar el robo ante Xifeng.

—Si yo no conociera el asunto, la cosa sería diferente —continuó Tanchun—. Pero ahora que ya lo sé, voy a tener que ayudarte a solucionar el problema.

Le hizo una señal a Daishu, que salió deslizándose del cuarto. Las demás siguieron conversando hasta que de pronto entró Pinger.

—La prima Tanchun debe tener poderes mágicos —bromeó Baoqin dando una palmada—. Puede convocar a las diosas.

—No es magia taoísta —se rió Daiyu—. Es la técnica militar de primera calidad llamada «cautelosa como una virgen, ágil como una liebre»[8], que sirve para sorprender al enemigo desprevenido.


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