Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En trípodes de oro, trazando espirales, el incienso se consume,
y a las bateas de jade se apega una grasa blanca como el hielo.
Hay una flauta recta que hace llorar a una viuda,
y una pequeña doncella calentando la manta de seda.
Un fénix de colores adorna los vacíos cortinajes,
y en les ociosos biombos, bordados, ánades y patos.
Un espeso rocío ha hecho el musgo más resbaladizo,
y una pesada escarcha impide tocar los bambúes.
Pero hay alguien que pasea alrededor de una laguna
y trepa después a una meseta silenciosa
donde las rocas se dirían dioses y demonios en liza;
y lobos, y tigres agazapados, los retorcidos troncos.
La luz del alba ilumina el pétreo pedestal de la tortuga[30],
moja el rocío la mampara, al otro lado de la puerta.
El canto de mil pájaros estremece el bosque
y suena en un valle el chillido de un mono.
¿Cómo, si conoce tan bien los caminos, se extravía?
Si la fuente es familiar, ¿por qué pregunta por su origen?