Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo La dama Wang no tuvo más remedio que recurrir a la Anciana Dama, quien ordenó a Yuanyang que trajera todo el que tuvieran. Resultó ser un gran paquete de raíces del grueso de un dedo humano cada una. Yuanyang pesó dos liang que la dama Wang entregó a la esposa de Zhou Rui, con instrucciones para que las enviara al médico junto con las hierbas que no habían podido identificar, a las que debía poner una etiqueta.
Poco tiempo después, la señora Zhou las trajo de vuelta.
—Todas las hierbas han sido adecuadamente envueltas y etiquetadas —dijo—. Pero el ginseng, señora, aunque es de la mejor calidad y ahora cuesta más de treinta taeles de plata cada liang, ya está demasiado viejo. El ginseng no es como otras medicinas. Por buenas que sean las raíces, en cien años se convierten en polvo. Éstas todavía no se han deshecho, pero ya se han secado y perdido su potencia. Por eso el médico quiere que se las devuelva y les comunique que deben conseguir un ginseng más fresco, sea de la calidad que sea.
Pensativa, la dama Wang agachó la cabeza.
—Entonces no tenemos otra alternativa que salir a comprar dos liang —concluyó por fin.
No se interesó por revisar los otros paquetes e hizo que los guardaran. Luego le dijo a la esposa de Zhou Rui: