Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Tomada la decisión, aguardó su oportunidad. Ésta llegó cierta noche cuando, después de haber bebido algo más de la cuenta, Xue Pan ordenó a Baochan que le trajera un poco de té, como era su costumbre. La doncella le alargó la taza pero, antes de cogerla, Xue Pan le acarició furtivamente la mano. Pero pretendiendo apartarse con un gesto brusco, Baochan dejó caer la taza, que, ¡crac!, se rompió con gran estrépito en mil pedazos y salpicó a los dos. Mirando a su esposa, Xue Pan intentó disimular su azoramiento gritándole a la doncella por haberle presentado la taza tan descuidadamente.
—Pero si ha sido usted quien la ha dejado caer… —replicó ella.
—Basta ya con las tonterías —intervino Jingui con una sonrisa helada—. ¿Acaso pensáis que soy tonta?
Xue Pan agachó la cabeza con una sonrisita tímida y no dijo nada; Baochan dejó el cuarto sonrojada.
A la hora de acostarse, Jingui fingió querer expulsar a su esposo de la alcoba.
—Para que aprendas a no mirarla con tanta lascivia —le dijo.
Él se limitó a sonreír.
—¿Qué es lo que quieres?, dímelo —continuó ella—. Es inútil que sigas acosándola como un cazador furtivo.
Envalentonado por el licor, Xue Pan se arrodilló sobre la manta y le dio un cariñoso empujoncito.