Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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—¡Dame a Baochan, mi buena hermana, y yo haré lo que me pidas! ¡Si quieres los sesos de alguien, me las arreglaré para conseguirlos!

—¡Qué charla tan absurda! —replicó ella—. Si te has prendado de alguna doncella dilo abiertamente: la haremos tu concubina y evitaremos así cualquier sombra de escándalo. ¿Qué tiene eso que ver conmigo?

Aquellas palabras deleitaron tanto a Xue Pan que se deshizo en agradecimientos y se esmeró por satisfacerla aquella noche, como correspondía a un buen esposo. Al día siguiente permaneció en la estancia de su esposa matando el tiempo y actuando con mayor audacia cada vez. Después del almuerzo, Jingui se ausentó voluntariamente para dejarles el camino libre de obstáculos. En cuanto se vio a solas con Baochan, Xue Pan no se anduvo por las ramas. Ella sabía perfectamente lo que él buscaba, y su resistencia no pasó de ser una pantomima. Y ya tenemos a Xue Pan a punto de obtener lo que tanto deseaba cuando hete aquí que Jingui, calculando el momento justo en que estarían abrazados, incapaces de separarse, mandó llamar a Sher, una doncella que había traído de su casa. Por ser una huérfana de la que nadie se había hecho cargo, aquella muchacha había recibido el nombre de Sher, que significa «abandonada», y junto con él las tareas más ingratas. Así pues, Jingui requirió su presencia para poder llevar a cabo el plan que había trazado.


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