Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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A Xue Pan le había costado mucho trabajo y un buen número de ardides conseguir a Baochan, por lo que aquella frustración, naturalmente, convirtió su excitación en un odio salvaje por Xiangling. Salió corriendo y le escupió a la cara.

—¡Puta maldita! ¿Por qué has tenido que entrar de golpe en este preciso momento?

Xiangling comprendió que se había metido en un buen lío, y huyó corriendo. Entonces Xue Pan se puso a buscar frenéticamente a Baochan. Al no encontrarla volvió a soltar un chorro de imprecaciones de las que Xiangling era la destinataria.

Aquella noche, después de la cena y obnubilado por el alcohol, se escaldó los pies en un agua un poco más caliente de lo normal. Culpó a Xiangling diciendo que pretendía dañarlo aviesamente, y corrió, desnudo como estaba, a darle de patadas y puñetazos. La pobre muchacha jamás había sido tratada tan mal, pero no pudo hacer nada, sólo alejarse discretamente a curar sus heridas.

A esas alturas Jingui ya le había dicho a Baochan en tono de complicidad que pasara la noche con Xue Pan en el cuarto de Xiangling, y se convirtiera en su concubina. Cuando a Xiangling se le ordenó que durmiera en la alcoba de Jingui y la doncella hizo un pequeño ademán de resistirse, fue acusada de considerar la cama demasiado sucia o de ser demasiado perezosa y negarse a atender a su señora durante la noche.


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