Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Solemos tener existencias de ginseng —dijo Xifeng—, pero no creo que tengamos bezoar de buey. Si lo compramos fuera debemos asegurarnos de que sea auténtico.
—Déjame enviar por un poco a casa de la tÃa Xue —propuso la dama Wang—. Como Xue Pan hace tantos negocios con comerciantes de Occidente, es posible que tenga bezoar bueno. Enviaré a alguien a preguntar.
Llegaron las muchachas de la familia a indagar por la salud de Qiaojie. Estuvieron un rato allà sentadas y luego partieron al tiempo que lo hacÃan la Anciana Dama y las demás. Después de que Qiaojie tomara la medicina que le habÃan preparado, le dio una arcada y vomitó una flema, para gran alivio de su madre. Entonces entró una de las doncellas de la dama Wang con un paquetito rojo entre las manos.
—Señora, aquà está el bezoar. Su SeñorÃa quiere que usted lo pese para que se cerciore de la exactitud de la medida.
Xifeng asintió y tomó el paquete. A Pinger le dijo que se diese prisa en preparar el polvo de perla, el borneol y el cinabrio, mientras que ella misma utilizó una pequeña balanza para calcular la dosis exacta de bezoar de buey. Apenas terminaron de mezclar los demás ingredientes se prepararon para administrar el brebaje a Qiaojie en cuanto ésta despertara. En ese momento apareció Jia Huan levantando la antepuerta.
—¿Qué le pasa a Qiaojie, cuñada? —preguntó—. Mi madre me envÃa a verla.