Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Ahora te dejaré descansar, prima. Voy a hacer una visita a Tanchun.
—Transmítele mis saludos cuando la veas.
Él asintió y salió.
Tras despedir al muchacho, Daiyu se sentó afligida. «Ahora Baoyu habla de manera tan ambigua, caliente una vez y frío a la siguiente, que ya ni siquiera sé lo que está diciendo», pensaba.
Zijuan entró a preguntar:
—¿Ha terminado de hacer sus copias, señorita? ¿Puedo guardar ya el pincel y el tintero?
—Sí, puedes. No seguiré haciendo copias.
Y entró en el cuarto interior a recostarse y dar vueltas al problema en su cabeza.
Zijuan llegó otra vez a preguntar si deseaba un poco de té.
—No, sólo quiero descansar un rato. No necesitas quedarte.
Al salir, Zijuan encontró a Xueyan de pésimo talante.
—¿Y a ti qué te preocupa? —preguntó, aproximándose a ella.
Sumida en sus cavilaciones, Xueyan se sobresaltó.
—¡No hagas ruido! —le dijo—. Hoy he oído algo muy extraño. ¡Te lo contaré, era un rumor muy extraño, pero no debes divulgarlo!