Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Cómo iba a fijarse? Lo que te conté aquel dÃa fue lo que le escuché decir a Xiaohong. Más tarde fui a los aposentos de la señora Lian y entré justo cuando ella lo estaba discutiendo con la hermana Pinger. Allà dijo: «Eso es sólo un pretexto para que esos paniaguados puedan halagar a Su SeñorÃa de manera que en el futuro puedan contar con su ayuda». Ni que decir tiene que la dama Xing no aprobó a la muchacha. Y aunque lo hubiera hecho, ¿con qué criterio iba a juzgarla ella? Sin contar con que, sin su conocimiento, hace mucho que la Anciana Dama tiene decidido que la esposa de Baoyu sea una de las jóvenes damas de nuestro jardÃn. Lo único que hizo fue respetar la etiqueta teniendo en cuenta que la propuesta habÃa sido mencionada por el señor. También escuché a la señora Lian decir: «Será la Anciana Dama quien elija una esposa para Baoyu. Ninguna otra propuesta, venga de donde venga, será considerada».
—¡Pero entonces nuestra joven señora se está sacrificando en vano! —exclamó Xueyan, sin pensar lo que decÃa.
—¿Qué quieres decir?
—Tú no lo sabes, pero ella me oyó el otro dÃa contándole a la hermana Zijuan todo esto. Por eso está dejándose morir.
—¡No hables tan alto, que nos puede oÃr!
—Está inconsciente. ¡Mira! No vivirá más de uno o dos dÃas.