Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En ese momento se alzó la antepuerta y entró Zijuan.
—¡Qué barbaridad! —exclamó en voz baja—. Si queréis hablar hacedlo fuera, no aquÃ. ¡Vais a terminar matándola!
—Pero todo esto es extraordinario —dijo Shishu—. ¡Simplemente no lo puedo creer!
—No te ofendas, buena hermana, no es que quiera regañarte, pero tú deberÃas estar enfadada contigo misma —replicó Zijuan—. Si supieras lo que pasa por aquà nunca habrÃas divulgado ese chisme.
Entonces oyeron toser a Daiyu. Zijuan corrió hacia el kang a atenderla y las otras muchachas se callaron.
Inclinándose sobre Daiyu, Zijuan le preguntó quedamente:
—¿Desea un poco de agua, señorita?
—Sà —fue la tenue respuesta.
Inmediatamente Xueyan llenó media taza con agua hervida y la entregó a Zijuan. También se adelantó Shishu, pero Zijuan meneó la cabeza en señal de advertencia para que no dijera nada. Y allà permanecieron hasta que Daiyu tosió otra vez.
—Beba agua, señorita —insistió Zijuan.