Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Asà es como Su SeñorÃa quiere que soluciones este asunto —le informó—. AvÃsame cuando todo esté hecho, para informarla a ella. Mejor será que actúes con celeridad; cuando vuelva el señor infórmale también del asunto de acuerdo con las instrucciones de Su SeñorÃa.
—¡Nuestra señora tiene realmente corazón de buda! —comentó Lai Da—. ¡Sólo ella hubiera enviado a esas criaturas de vuelta a casa, y con escolta! A la vista de su buen corazón, voy a tener que buscar a un hombre de toda confianza. En cuanto al señor Qin, le dejo a usted el encargo. Y trataré de dar con el versificador de marras para darle una buena lección.
—Bien. —Jia Lian movió la cabeza afirmativamente.
No demoró un minuto la despedida de Jia Qin, y Lai Da apresuró la retirada de las novicias y ordenó que se las tratase siempre según las instrucciones recibidas.
Aquella noche regresó Jia Zheng y fue informado de todo; y como no era amigo de lÃos, al escuchar la solución dada al problema dejó correr el asunto. Claro, cuando los sinvergüenzas del exterior supieron que veinticuatro muchachas habÃan sido despedidas de la mansión Jia, todos quisieron ponerles la mano encima; de modo que si llegaron o no a sus casas no se supo del todo, y no hay manera de que nosotros podamos adivinarlo.