Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —No se preocupe —replicó Li—, el señor Xue serÃa afortunado si el ministerio interviniese. En la capital oà decir que habÃa llevado a la cantina a un montón de putas, todas borrachas, y que mató a golpes al camarero. No sólo fue sobornado el magistrado, según me contaron, sino que además el señor Lian tuvo que gastar mucho dinero con el que acallar varias sedes de justicia para que el caso no siguiera su curso hacia el ministerio. Pero aunque haya salido a la luz, los funcionarios se protegen unos a otros. En el peor de los casos sólo admitirán no haber entendido bien los datos, por lo cual únicamente pueden ser expulsados o multados. Nunca reconocerán haber recibido sobornos. No se deje abrumar por esta cuestión, señor. Yo averiguaré más cosas sobre el particular, pero ahora no haga esperar más al gobernador.
—No lo entiendes —dijo Jia Zheng—. SerÃa lamentable que el magistrado perdiera su cargo o sufriera algún tipo de castigo sólo por haberme hecho un favor.
—Preocuparse no solucionará nada. El gobernador lo espera desde hace un buen rato. Por favor, señor, acuda rápidamente —insistió Li.
Para saber qué querÃa de Jia Zheng el gobernador, escuchen el capÃtulo siguiente.