Sueño en el pabellón rojo

Sueño en el pabellón rojo

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—Mi hermano nació con mala estrella —le decía Baochai para consolarla—. Heredó de nuestros antepasados un patrimonio lo suficientemente copioso como para vivir tranquilamente el resto de su vida, dedicado a sus propios asuntos. Sin embargo, cuando estábamos en el sur llevaba una vida de disipación y provocó un tremendo escándalo con la compra de Xiangling. Sólo nuestros poderosos parientes y sus riquezas le permitieron salir bien librado de la muerte a palos de aquel joven caballero. Ésa debería haber sido la señal para, arrepintiéndose de lo que había hecho y cambiando de vida, dedicarse a cuidar a su madre. Pero cuando nos trasladamos a la capital todo siguió como antes. ¡Cuántas lágrimas le ha hecho verter, madre! Luego, usted consiguió para él una esposa, y por fin todos pensamos que había llegado el momento de que viviera en paz; pero no: fue su destino casarse con una arpía igualmente dada a los desórdenes, lo que le ha hecho huir de su casa; «el camino es estrecho para los enemigos», como dice el proverbio. ¡Y a los pocos días de emprender viaje, mata a otro hombre! Usted y el primo Ke han hecho por él todo lo que estaba en su mano: dinero y más dinero y súplicas a éste y al otro para que lo ayudasen, pero no hay forma de evitar lo que el destino nos tiene reservado. Al fin y al cabo él es el responsable de sus propios actos. La gente cría hijos para que sean el báculo de su vejez, y hasta el hijo de una familia pobre está dispuesto a trabajar para ganar el cuenco de arroz que ha de comer su madre. ¿Para qué sirve un hijo que dilapida toda la herencia que recibe de sus mayores y hace agonizar a su madre entre llantos y lamentaciones? Madre, no es sólo que yo lo diga: quien lo vea comportarse dirá que no es su hijo, sino su enemigo. Debe comprender esto, o llorará de sol a sol hasta no tener más lágrimas y se verá obligada a seguir soportando las humillaciones de mi cuñada. Yo no estaré siempre a su lado para consolarla ¡Me angustia tanto verla sufrir! Y aunque Baoyu siga atolondrado, no me permitirá volver a vivir aquí. El señor nos dijo que se había sentido muy alarmado después de leer aquel informe de la Gaceta de la Corte; por eso envió un criado para ver qué sucedía y ponernos en guardia. Sin duda muchas personas están nerviosas por el inconveniente causado por mi hermano. Menos mal que todo esto ha sucedido estando yo aún cerca de usted. ¡Si me hubiese enterado lejos de aquí, la preocupación no me habría dejado vivir! Cálmese ahora, madre, y revise todas nuestras cuentas mientras mi hermano esté vivo. Que nuestro viejo tenedor de libros deduzca cuánto nos deben y cuánto debemos, para ver si aún nos queda algún dinero.


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