Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¡Ya sé! ¡Ya sé! —exclamó Baoyu, consciente de que ellas tenÃan razón—. Pero mi corazón está turbado.
Baochai no le hizo caso y ordenó en secreto a Xiren que le diera unos calmantes, en la confianza de que su ingestión le ayudarÃa a recuperar poco a poco la razón. Xiren querÃa decirle a Tanchun que no se despidiese de su hermano, pero Baochai objetó:
—No te preocupes. Dentro de unos dÃas, cuando ya esté tranquilo y su actitud sea razonable, tendrán que hablar. Después de todo, la tercera señorita es muy inteligente y tiene mucho sentido común, no como otras personas falsas. Estoy seguro de que sus consejos serán muy valiosos. Dentro de poco ninguno de los dos podrá comportarse de esta manera.
En ese momento llegó Yuanyang, enviada por la Anciana Dama. Al saber que Baoyu habÃa vuelto a caer enfermo, su abuela envió a la doncella con el siguiente encargo para Xiren: «Consuela a mi nieto y no le permitas soñar con quimeras». Asintió Xiren, y Yuanyang se retiró después de haber descansado un rato. La Anciana Dama pensaba que Tanchun iba a un lugar muy lejano, y debÃa hacer todos los preparativos necesarios a pesar de que no era precisa la dote. Entonces llamó a Xifeng y le repitió el propósito de Jia Zheng.
Si quieren saber cómo preparó Xifeng el viaje de Tanchun, escuchen el siguiente capÃtulo.