Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —TÃa —repitió la otra—, está tan ocupada disfrutando de la riqueza y el lujo de esta noble mansión que, como en el cauce de un rÃo que desembocara en el Mar del Este, ha dejado que se diluya el consejo que le di aquel año: asentar la fortuna y la prosperidad de esta casa sobre cimientos que duraran diez mil años.
Al oÃr estas palabras Xifeng agachó la cabeza, pero, por más vueltas que le daba, no conseguÃa recordar a aquella joven.
—TÃa —insistió la otra con una risa helada—, antaño usted solÃa tenerme en gran aprecio, ¿cómo es posible que me haya olvidado?
Y entonces, de golpe, Xifeng comprendió que se encontraba ante Qin Keqing, la primera esposa de Jia Rong, muerta hacÃa mucho tiempo.
—¡Ah! —exclamó horrorizada—. Tú estás muerta. ¿Cómo has llegado hasta aqu�
Escupió a la aparición y quiso echar a correr, pero tropezó con una piedra y cayó de bruces. Empapada en sudor como si despertara de una pesadilla, y a pesar de sus convulsiones de terror, tuvo lucidez suficiente para ver las figuras borrosas de Fenger y Xiaohong que se le acercaban. No quiso ser objeto de burla de sus criadas y, mal que bien, se incorporó.
—¿Por qué habéis tardado tanto? —inquirió—. Dadme pronto mi chaleco de armiño.
Fenger se acercó a ella para darle el abrigo, y Xiaohong le ofreció su brazo para ayudarla a caminar.