Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo A su vuelta, la doncella repitió entre risas las palabras del paje. La Anciana Dama dijo a Baochai:
—Vuelve con tu esposo. No permitas que esté tan preocupado por ti.
La maliciosa recomendación de la Anciana Dama, unida a las burlas de Xifeng, avergonzaron de nuevo a Baochai, que se marchó apresuradamente de allí.
Llegó entonces la abadesa Daliao, del templo de las Flores Dispersas, quien, después de manifestar su respeto a la Anciana Dama, saludó a Xifeng y se sentó a saborear un té. «¿Por qué ha dejado pasar tanto tiempo sin visitarnos?», le preguntó la Anciana Dama.
—Es que últimamente hemos celebrado varios oficios en nuestro templo y nos han estado visitando varias nobles damas, y he estado muy ocupada. Hoy he venido especialmente a decirle, venerable antepasada, que mañana celebraremos otra ceremonia. Si usted estuviera en disposición de unirse a esta obra pía, nos sentiríamos muy contentas.
—¿Y con qué motivo?