Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Señora, ya que hoy me lo pregunta escúcheme atentamente: el origen de este Buda es realmente milagroso y sus méritos son extraordinarios. Nació en el reino Dashu del Cielo Occidental[7]. Sus padres eran leñadores, y cuando vino al mundo apareció con tres cuernos en la cabeza y cuatro ojos en el rostro. Medía sólo tres chi, y sus brazos eran tan largos que llegaban al suelo. Sus padres creyeron que era un demonio y lo abandonaron más allá de las montañas heladas. Sin embargo, en aquella comarca moraba un viejo simio con poderes mágicos, que al salir en busca de comida observó una columna de vapor blanco que se elevaba de la cabeza de Buda, y que tigres y lobos se mantenían apartados de él. Supo entonces que no se trataba de una criatura común y se lo llevó consigo a su caverna, donde lo crió. El bodhisattva había nacido de inteligencia tan rápida que pronto pudo discutir con el simio acerca del chan y la doctrina budista, cosa que hacían diariamente hasta que empezaban a llover flores del cielo. Mil años después el bodhisattva ascendió al cielo, pero aún hoy se puede ver sobre la montaña el lugar donde comentó los cánones, dispersando las flores. Todas las plegarias que se le hacen son atendidas, y a menudo él manifiesta su divinidad salvando a los atribulados. Por eso sé construyó el templo y se hacen ofrendas a su imagen.
—¿Y qué pruebas hay de todo eso que me cuenta? —quiso saber Xifeng.