Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —¿Ya está otra vez con sus reparos, señora? ¿Qué pruebas se precisan para creer? Si esta historia fuera falsa, sólo podría engañar a una o dos personas, ¿cómo es que tantas personas con tan buen sentido común pueden haber sido engañadas desde la antigüedad hasta hoy? Piense, señora, que el único incienso que ha ardido ininterrumpidamente desde hace siglos ha sido el del budismo. ¿No será porque ha bendecido al Estado, ha bendecido al pueblo y su eficacia se ha ganado la fe de la gente?
Xifeng pensó que las palabras de la abadesa no dejaban de ser razonables.
—De acuerdo —concluyó—, mañana mismo iré a visitar su templo. ¿Tienen allí varillas adivinatorias? Me gustaría aprovechar para hacer una tirada. ¡Si el resultado coincide con mis preocupaciones me convertiré en una ferviente creyente!
—Nuestras varillas son infalibles —le aseguró Daliao—. Lo sabrá mañana, señora.
—Mejor esperar a pasado mañana, que será el primer día del mes —intervino la Anciana Dama.
Cuando Daliao hubo terminado su té acudió a presentar sus respetos a la dama Wang, tras lo cual regresó a su templo.