Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —SÃ, señora —asintió Baochai.
—Y una cosa más —continuó la dama Wang—. Tu cuñada Xifeng trajo ayer a la hija de la señora Liu. Como hace tiempo que necesitamos otra doncella en vuestros aposentos, ella podrÃa ocupar ese puesto.
—Pinger acaba de traerla diciendo que tanto usted como mi cuñada Xifeng estaban de acuerdo, señora.
—Xifeng me lo propuso y yo no puse reparos. Después de todo, no podÃa desairarla. Ahora bien, a juzgar por la mirada de la joven me dio la impresión de que no es de las que permanecen tranquilas en su sitio. Ya en el pasado me vi obligada a despedir por maliciosas a varias doncellas de Baoyu que parecÃan espÃritus de zorras. Pero esas historias ya las conoces bien; al fin y al cabo, todo aquello fue la causa de que abandonases el jardÃn de la Vista Sublime y regresases a casa. Ahora, estando tú aquÃ, las cosas serán distintas. Te lo digo para que te mantengas alerta: la única de tus doncellas en quien se puede confiar es Xiren.
Baochai manifestó estar de acuerdo con esa apreciación de la dama Wang, y después de charlar un rato más se despidió. Cuando hubo comido visitó a Tanchun, a quien ofreció palabras de consejo y consuelo que no es preciso registrar en detalle.