Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Al día siguiente, antes de emprender su largo viaje, Tanchun acudió a despedirse de Baoyu quien, por supuesto, se resistía a verla partir. Sin embargo ella insistió, pues quería hablarle acerca de los principios morales que rigen las relaciones humanas[1]; y aunque al principio él escuchó con la mirada fija en el suelo, poco a poco la tristeza se fue tornando en alegría y empezó a dar pruebas de sensatez. Entonces ella, aliviada, dijo adiós a la casa entera, subió a su palanquín y emprendió su viaje, que la habría de llevar hasta el sur navegando en juncos y viajando en carruajes diversos.
Antaño todas las muchachas habían residido en el jardín de la Vista Sublime, pero después de la muerte de la consorte imperial se había abandonado aquel lugar esplendoroso. Cuando llegó el momento de la boda de Baoyu, Daiyu ya estaba muerta y Xiangyun se había marchado definitivamente; Baoqin, por su parte, se había mudado, y en el jardín, donde el frío se hizo más intenso, quedaba ya muy poca gente. Li Wan y sus primas, así como Tanchun y Xichun, habían regresado a sus aposentos originales y sólo pisaban el jardín cuando se ponían de acuerdo para, todas juntas, disfrutar de las flores y la luz de la luna. Ahora que Tanchun también se había ido y Baoyu permanecía convaleciente en los aposentos de su abuela, quedaban pocos amantes del lugar, y el jardín se había vuelto un lugar silencioso, habitado sólo por unos cuantos guardianes.