Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo El día de la despedida de Tanchun, aunque ya estaba oscuro, la señora You no quiso subir en un carruaje, y decidió franquear la puerta lateral abierta para tener acceso desde el jardín a la mansión Ning. Encontró el lugar desolado, desiertos sus refugios y pabellones, y convertidos en huertos los muros bajos. La visión despertó en ella la melancólica sensación de haber perdido para siempre algo muy querido.
Al llegar sintió que tenía un poco de fiebre y estuvo resistiéndola un par de días, pero finalmente acabó postrada. Durante el día su temperatura se mantenía en límites aceptables, pero al caer la noche subía tanto que la hacía delirar. El médico llamado por Jia Zhen diagnosticó: «El origen de su mal es un simple resfriado, pero el elemento mórbido se propaga por vasos y nervios que llegan al estómago y le entorpece la digestión, al tiempo que le produce delirios y alucinaciones. Recobrará la salud cuando defeque abundantemente».
Pero lo cierto es que con dos dosis del brebaje que le fue recetado no sólo no mejoró, sino que, al contrario, deliró más que nunca. En su ansiedad Jia Zhen mandó llamar a Jia Rong.
—Corre a la ciudad, averigua qué otros buenos médicos hay en el exterior y haz que algunos de ellos vengan a verla —ordenó a su hijo.
—El que vino anteayer es el que tiene más reputación, pero temo que el mal no se cure con medicinas —fue la respuesta.