Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Acabo de enterarme en el ministerio de que ya lo han destituido. Enviaron un informe a la corte, pero gracias a la clemencia del emperador no ha sido remitido todavía al ministerio. Esto es lo que se ha decretado: «Ya que ha fracasado en el control de sus subalternos y exigido un excesivo impuesto en granos, explotando cruelmente al pueblo, debe ser destituido. Pero en vista de que era nuevo en el cargo provincial e inexperto en asuntos administrativos, lo cual ha permitido que sus subalternos lo engañasen, se rebaja tres grados su rango de funcionario y, por gracia del Emperador, puede continuar sirviendo como subsecretario de la Junta de Obras con la orden de su retorno inmediato a la capital». Ésta es la noticia fidedigna. Lo discutí en el ministerio con un magistrado de Jiangxi al que acababan de llamar a la corte. Él tiene muy buena opinión del segundo tío. Dice que es un buen funcionario, pero que no sabe manejar a sus subalternos, y sus sirvientes han estado creando inconvenientes, fanfarroneando y engañando a la gente y dañando la reputación de su señor. El gobernador lo sabe, y también tiene buena opinión del segundo tío. Causa perplejidad que lo haya degradado ahora. Tal vez el escándalo fuera ya demasiado grande y temió que lo acusaran a él de negligencia, de modo que ha tomado como excusa lo leve para evitar lo grave.
Jia She lo interrumpió con una orden: