Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Asintió Jia Lian, y ya se disponÃa a retirarse cuando irrumpió agitadÃsima una de las viejas criadas de la tÃa Xue. Sin perder un segundo en las formalidades de la etiqueta dijo atropelladamente:
—¡Señora, de parte de mi señora…! ¡Qué desastre! ¡Otro escándalo!
—¿Pero qué pasa?
—¡Oh, qué cosa tan horrible!
—¡Imbécil! —la dama Wang empezó a impacientarse—. Si es tan grave, dime de una vez lo que pasa.
—El señor Ke está de viaje y no hay un solo hombre en la casa; ¿cómo vamos a hacer frente a está desgracia? Ella quiere que usted, señora, envÃe a algunos caballeros para que nos ayuden.
—¿Pero se puede saber para qué los queréis? —preguntó indignada la dama Wang, sin saber aún de qué le estaba hablando la mujer.
—¡La señora Pan ha muerto!
—Si está muerta una mujer como ésa, bien muerta está —espetó la dama Wang—. ¿A qué tanta excitación?
—Señora, es que no ha sido de muerte natural; aquà Ha pasado algo raro. ¡Por favor, envÃe inmediatamente a alguien que se haga cargo del problema! —Dicho lo cual, giró sobre sus talones para retirarse.