Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —De este mundo no conozco qué hay entre el cielo y la tierra, y apenas entiendo mi cojín[4]. Lo que Su Ilustrísima acaba de decir supera largamente la comprensión de este pobre sacerdote. —Y volvió a sentarse.
Lleno de dudas, Yucun pensó: «¿Por qué, si no es Zhen Shiyin, tiene su misma apariencia y habla como él? Hace diecinueve años que no nos vemos y él no parece haber cambiado. Debe ser que al haber alcanzado la inmortalidad no desea desvelar su pasado. Pero ahora que he encontrado a mi benefactor no puedo dejar pasar esta oportunidad. Evidentemente no le agradará la mención a riquezas o rangos, y menos aún a su esposa o su hija».
—¿Cómo puede el discípulo soportar que su santo maestro vele su pasado? —dijo por fin.
Iba a hacer una nueva reverencia cuando entró uno de sus sirvientes a informar:
—Señor, está oscureciendo, es hora de cruzar el vado.
Como Yucun vacilara, el taoísta dijo:
—Por favor, Su Ilustrísima, no se demore en cruzar el vado. Volveremos a encontrarnos. Si se entretiene puede estallar una tormenta. Si realmente desea verme, le aguardaré otro día en el vado. —Dicho lo cual volvió a sentarse y cerró los ojos.