Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Esto es el destino —dijo Xifeng jadeando—. ¿Para qué darles más explicaciones? Lleváoslas a la prefectura. Declarad que todas las pertenencias robadas eran de la Anciana Dama, aunque no podremos inventariarlas hasta que hayamos hablado con el señor. Cuando lo hayamos hecho, también mandaremos la lista a la autoridad civil.
Jia Yun y Lin Zhixiao asintieron y partieron. Xichun, que había permanecido callada y llorando, dijo:
—Nunca había oído nada igual, ¿por qué el destino se ensaña con nosotras? Cuando regresen mañana Sus Señorías, ¿cómo podré mirarles a los ojos? Nos dejaron encargadas de cuidar su casa, y ahora mirad lo que ha sucedido, ¿cómo vamos a seguir viviendo?
—¿Acaso ha sido por voluntad nuestra? Aquí están para responder de ello las guardias nocturnas replicó Xifeng.
—A ti se te puede perdonar, pues estás enferma. No tengo nada más que decir. Todo lo sucedido se debe a mi cuñada, que quería hacerme daño, es ella quien animó a Su Señoría para que me dejara al cuidado de la casa. ¿Y ahora dónde queda mi dignidad? —Con estas últimas palabras rompió a llorar de nuevo.
—Muchacha, no pienses así; si planteas una cuestión de dignidad, nos afectará a todos. Si continúas con esas tonterías, me lo pondrás más difícil todavía.
Mientras hablaban ambas cuñadas, se oyeron los gritos de alguien que se encontraba en el patio exterior: