Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Lin Zhixiao no pudo ir, los criados más competentes tienen que acompañar a los inspectores, y los demás no son capaces de informar claramente de lo sucedido; asà pues, el señor Yun ha ido personalmente.
Xifeng asintió y se sentó junto a Xichun, ambas muy preocupadas.
Volvamos a la banda de ladrones dirigida por He San. Éstos, después de hacerse con el oro, la plata y otros objetos de valor de la Anciana Dama, tomaron buena nota de la poca fuerza de sus perseguidores y decidieron robar las casas del lado oeste. Al mirar por una ventana iluminada vieron dos hermosas criaturas, una joven dama y una monja. Los pervertidos delincuentes, sin temer por sus propias vidas, hubieran irrumpido de no aparecer Bao Yong, que los puso en fuga ya obtenido el botÃn, pero dejando atrás a He San. Se ocultaron un tiempo en una casa, y al dÃa siguiente se enteraron de que He San habÃa muerto y el robo habÃa sido denunciado a las autoridades civiles y militares, lo cual significaba que no podÃan quedarse en la capital. Decidieron no perder tiempo para unirse a unos piratas en el mar, puesto que si se demoraban demasiado, ya estarÃan dadas las órdenes de captura y las aduanas advertidas.
—Está claro que debemos esfumarnos —dijo el más valiente de ellos—, pero no soporto la idea de dejar atrás a esa monja. ¡Es toda una hermosura! Me pregunto de qué convento ha podido salir esa criatura.