Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo La única preocupación de la dama Wang consistía en que Xifeng, falta de experiencia en la organización de funerales, se expusiera al ridículo con un mal manejo de situaciones que pudieran surgir; pero la insistencia de Jia Zhen le ablandó el corazón y miró pensativamente a Xifeng sin decir nada.
Para Xifeng no había nada tan gratificante como poder exhibir su capacidad. Aunque conducía la mansión Rong con gran competencia, nunca se le habían confiado grandes acontecimientos, bodas o funerales, y temía que los demás todavía no estuvieran plenamente persuadidos de su eficiencia; por eso anhelaba una oportunidad, y la propuesta de Jia Zhen le produjo un gran placer. Al ver que la vehemencia de éste empezaba a vencer la inicial reticencia de la dama Wang, dijo:
—Puesto que mi primo insiste tanto y la situación es tan urgente, señora, ¿por qué no da su consentimiento?
—¿Estás segura de que podrás asumir una responsabilidad tan grande? —le preguntó la dama Wang en voz baja.
—No veo por qué no iba a poder hacerlo. El primo Zhen ya se ha encargado de todos los arreglos públicos importantes; ahora sólo es cuestión de no perder de vista los asuntos domésticos. Además, en caso de duda no tendría más que consultarle a usted.
El argumento era razonable, y la dama Wang no siguió poniendo objeciones.