Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Como nadie podía reanimarlo, la dama Wang y las otras enviaron a buscar al monje para que lo salvara; pero cuando Jia Zheng regresó al estudio, el monje ya había desaparecido. Entre su perplejidad y los nuevos llantos que llegaban de los aposentos interiores, entró corriendo y encontró a Baoyu como muerto. Tenía la mandíbula apretada y se le había detenido el pulso, aunque cuando le tocó el pecho con la mano, lo sintió todavía tibio. En su desesperación, Jia Zheng mandó llamar a un médico para que le diera algún remedio que le salvara la vida.
Pero a esas alturas el espíritu de Baoyu ya había volado. ¿Creen ustedes, de verdad, que había muerto? Como en un sueño, se dirigió hasta el salón delantero, donde presentó sus respetos al monje que había allí sentado. Inmediatamente, el monje se puso de pie y se lo llevó consigo. Baoyu se sintió ligero como una hoja flotando por los aires, y de este modo abandonaron la mansión sin pasar por la puerta delantera.