Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo En ese momento llegó la esposa de Lai Wang con la tarja y un recibo por una determinada cantidad de papel para documentos y transcripción de sutras. La invitaron a sentarse y tomar té mientras alguien iba en busca del pedido y lo llevaba hasta la puerta interior, donde se lo entregó. La mujer volvió con su encargo.
Luego Xifeng ordenó a Caiming que confeccionase cuadernos y registros, y mandó llamar a la esposa de Laisheng para exigirle una relación del personal. Anunció que todas las esposas de los criados quedarían citadas con ella a la mañana siguiente, muy temprano, para recibir instrucciones. Revisó por encima la lista y le hizo un par de preguntas a la esposa de Laisheng; después regresó en su carruaje.
A las seis y media del día siguiente apareció Xifeng ante la asamblea de todas las viejas criadas y las esposas de los mayordomos, que no se atrevieron a pasar al cuarto donde ella y la esposa de Laisheng habían entrado a distribuir las tareas; pero desde la puerta oyeron como la primera le decía a la segunda:
—Me parece que la responsabilidad que he asumido en esta casa me hará impopular; yo no soy tan permisiva como vuestra señora, que os dejaba las manos libres, así que no vengáis a decirme cómo se hacían antes aquí las cosas y limitaos a hacerlas como yo diga. La menor desobediencia será públicamente castigada, y no importará el prestigio que pueda tener el infractor.