Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Si estás empecinada en adorar a Buda —dijo la dama Wang—, eso se debe sin duda alguna a los designios del destino, y no te lo podemos impedir. Pero no me parece correcto que una muchacha de familia como la nuestra tome los hábitos. Ahora bien, tu cuñada ha aceptado y su piedad es loable; sólo me queda una única condición que ponerte, que es la de que no te afeites la cabeza. ¿Qué importa el cabello si tus propósitos son sinceros? Piensa en Miaoyu, ella se hizo monja con el pelo largo. ¡Ahora me pregunto qué habrá pasado por su corazón para que sufriera un final tan horrible! Ya que estás decidida, consideraremos tu actual alojamiento como tu convento. También tendremos que sondear a todas tus doncellas, y si algunas están dispuestas a permanecer contigo, no les buscaremos esposos; en cuanto a las demás ya haremos algún arreglo.
Al escuchar aquello, Xichun cesó de llorar y se hincó de rodillas para dar las gracias a Sus SeñorÃas, a Li Wan y a la señora You.
Entonces la dama Wang preguntó a Caiping y a las demás doncellas:
—¿Cuántas de vosotras deseáis seguir la vocación de vuestra ama?
—Todas las que usted nombre, señora —respondieron. Por lo que ella dedujo que no lo deseaban, y empezó a buscar otras doncellas.