Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo Traspasó con su mirada la primavera fugaz;
Dejó sus elegantes vestidos, tomó las prendas budistas.
¡Qué pobre niña, de familia noble y rica;
Hoy sentada, solitaria, bajo la estatua de Buda![1]
Li Wan y Baochai exclamaron:
—¡Qué desastre! Está desvariando.
La dama Wang movió la cabeza afirmativamente y preguntó con un suspiro:
—Dime la verdad, Baoyu, ¿dónde leíste ese poema?
Él no podía revelar su sueño y respondió:
—Señora, no pregunte por el lugar, pero le aseguro que lo leí.
Tras haberse tragado el significado de aquella respuesta, rompió a llorar:
—Decías que bromeabas y ahora me sales con este poema. Muy bien. He comprendido. ¿Qué esperáis que haga? No puedo más que dejaros hacer vuestra voluntad. Sólo esperad que cierre los ojos para siempre y seguid, después, cada uno vuestro camino.