Sueño en el pabellón rojo
Sueño en el pabellón rojo —Cuando Tanchun se casó casi te ahogas en llanto; pero ahora que Xichun quiere hacerse monja, en lugar de disuadirla, lo apruebas. ¿Qué significa todo esto? No te comprendo.
—Usted ya ha aceptado que la prima Xichun se ejercite en la práctica de la perfección, y ella también está decidida. Si esto es asÃ, hay algo que quisiera decirle; pero si no está decidida del todo, no me gustarÃa hablar a destiempo.
—Pero qué ridÃculo eres, primo —protestó Xichun—. ¿Cómo habrÃa podido incomodar a todas las señoras sin una firme decisión? Estoy de acuerdo con lo que acaba de decir Zijuan. Si me dejan hacer lo que deseo, lo consideraré mi buena fortuna. De otro modo, siempre me queda morir, ¡no me asusta! Asà que di lo que se te ocurra.
—Lo que voy a decir no es divulgar ningún secreto, ya que estaba escrito en los designios del destino. Voy a recitar un poema.
Los demás se resistieron.
—¿Por qué importunarnos con tus poemas, cuando estamos tan apenados?
—No lo he escrito yo, lo leà en algún sitio. Atentas.
—Muy bien —le concedieron—. RecÃtalo, pero deja de decir tonterÃas.
Sin añadir palabra alguna, Baoyu declamó: